Cine Teatro Colón: el patrimonio resiste entre motos incautadas

El edificio que fue orgullo cultural de Santa Elena aún se sostiene convertido en depósito municipal. Una propuesta ciudadana aguarda para devolverle sus orígenes y un destino escrito. La historia de un emblema

Por Vicente Suárez Wollert

Desde la calle, las letras todavía se imponen: CINE TEATRO COLÓN. La señalética de obras en la fachada, las paredes con el revoque cediendo y las motos alineadas adentro cuentan una historia diferente a la que supo protagonizar este edificio. Imponente aún en su estructura, el Colón es hoy depósito de motovehículos incautados por personal de Inspección General, a la espera del retiro por parte de sus dueños o del despacho como chatarra, según las normativas vigentes. Pocas imágenes sintetizan tan bien el contraste entre lo que fue y lo que es.

Es 11 de octubre de 1943. Unos meses después del golpe de Estado que derrocó al presidente Ramón Castillo, Establecimientos Argentinos Bovril Limitada inaugura el Cine Teatro Colón con capacidad para aproximadamente 1.500 espectadores. Dos o tres veces por semana se proyectan películas nacionales y extranjeras. El espacio es desde el inicio mucho más que una sala de proyecciones: es el lugar de encuentro de una comunidad que crece al ritmo de la empresa frigorífica que le da trabajo y forma a la ciudad. 

“Un hombre de uniforme y con linterna nos ubicaba en las butacas media hora antes de la función. Eran unos asientos color bordó, frente a una pantalla enorme de excelente calidad y sonido. La entrada era accesible, a veces con promociones y otras tantas, gratuitas”, recuerda un testimonio de la época. El Colón no era solamente cine: albergaba también reuniones danzantes de carácter público y privado con números de tangos, milongas, valses, boleros y jazz, una tradición que en Santa Elena venía desarrollándose desde la década de 1920. “Recuerdo el cine colmado en la exitosa proyección de la película de Charles Chaplin en 1952. Era un solo murmullo de risas y aplausos”, evoca otro santaelenense que vivió aquellos años.

En junio de 1957 el complejo fue vendido al vecino Hermelindo Renaud, quien continuó con funciones semanales de similares características, incorporando conciertos musicales, recitales folklóricos, actos patrióticos y espectáculos bailables, hasta que la actividad dejó de ser redituable. La sala que había congregado a generaciones enteras de santaelenenses fue perdiendo paulatinamente su brillo. El edificio ingresó entonces en una nueva etapa. El 17 de abril de 1988, en plena expansión de la textil Ángelo Paolo —que llegó a contar con más de ciento veinte sucursales en todo el país— se inauguró en sus instalaciones la Fábrica Textil Ángelo Paolo Entrerriana Sociedad Anónima. La experiencia fue breve: la empresa se trasladó a La Paz y presentó la quiebra en 1996. En esa ciudad, la actividad continuó bajo la forma del cooperativismo. En Santa Elena, el Colón cerró definitivamente sus puertas como espacio productivo.

Durante algún tiempo siguieron desarrollándose en el lugar actividades culturales y recreativas, ferias y puntos de venta de artesanos y emprendedores que encontraron en esa estructura amplia un escenario posible. Alguna quinceañera entregó sus quince velas bajo ese techo. Hubo recitales y noches de baile, espectáculos que convocaron a vecinos que aún recuerdan haber cruzado esas puertas con expectativa. Luego llegaron las motos detenidas, como el edificio mismo.

La situación patrimonial del inmueble agrega otra capa de complejidad al panorama. Los antiguos propietarios parecen no haberse desprendido completamente de la propiedad, por lo que existen cuestiones relativas a sucesiones y herencias que aún deben resolverse antes de cualquier intervención de fondo. Ese nudo legal es, junto al abandono funcional, uno de los principales obstáculos para pensar un futuro distinto para el lugar.

En 2023, la Asociación Siglo y Medio propuso convertir el espacio en el Centro Cultural Carmen Rivero, en honor a la primera mujer electa intendenta de la Argentina. La propuesta, que busca recuperar el edificio para la vida cultural de la ciudad, pone nombre propio a una demanda que muchos santaelenenses comparten en silencio cada vez que pasan frente a esa fachada y leen, todavía, esas letras que se niegan a desaparecer. La iniciativa aguarda. El Colón también.

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